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Danielle

El aire frio del amanecer discurre por la ventana entreabierta de la antesala. La piel desnuda de su cuerpo se estremece y los cabellos castaños de su nuca se erizan. Un escalofrió recorre su espalda, sus parpados lentamente se abren con desdén y pesar. Todo parece confuso y distante.
 Sentado, con la cabeza apoyada en el borde del sofá, su mirada borrosa vislumbraba el despertar de un hogar extraño, sin entender los sentimientos alojados bajo su paladar, sin reconocer en que momento olvido las líneas de su personaje.
El leve sonido de unos pasos atraviesa el pasillo, una delgada figura se detiene en el umbral de la antesala observándolo mirarle sin expresión de alegría o pena, solo el vacío de quien aún permanece en la penumbra, impávido.
Creyéndose en un sueño, ve la silueta de una muchacha aproximarse entre las difusas sombras. Siente como ella se posa sobre sus piernas y utilizando su peso lo transforma en su prisionero. Sin desear liberarse, yace sujeto bajo sus caderas perdido en sus hermosos ojos de tinte esmeralda.
Ella toma con sus dedos el contorno de su rostro, la tibieza de su tacto despierta sus sentidos, su aroma le es familiar, su corazón palpita sintiendo su temor, notando su anhelo. La punta de su nariz roza la suya inquieta, puede observar en el reflejo de sus retinas su boca.
Un cálido beso, capaz de transpórtalos a un sentir donde solo existe ese instante, un dulce movimiento dueño de todo destino futuro. Se distancian  percibiendo la humedad en sus labios, distinguiendo el brillo que los cubre.
Los primeros rayos de luz entran en la habitación iluminando las bellas facciones de la muchacha, permitiendo que sus ojos observen como las pequeñas motas en el aire circulan en rededor de su rostro, sin tocarla, acompañando su respiración como la marea del océano más yermo y calmo.
Su expresión hace que él se estremezca. Está asustada y enamorada. Espera una respuesta. 
El rubor coloniza a sus mejillas, tímido, por vez primera sonríe vulnerable.
Hay sueños que juegan con la realidad y entremezclan la fantasía. Son aquellos, el escenario donde todos deseamos estar.  

Emile

- ¿Me pasas el cátsup? – apoyando su torso sobre la cama, cogió la botella y la estiró hacia él. - ¿puedo colocarles un poco mas? -
Su rostro pequeño lucía expectante, sus labios cerrados y tímidos lo miraban con recelo. – Solo un poco, sabes que no puedes comer este tipo de cosas –
Una sonrisa se prendó de su sonrosada boca, a la par que sus ojos curiosos, se fascinaban al ver como sobre sus papas francesas, la cátsup le ayudaba a dibujarles pequeñas vestimentas, corbatines, pantalones, abrigos, gorras y zapatos.
- ¿Quieres un poco de Soda de Cola? –, la niña asintió con el movimiento de su cabeza mientras comía con alegría sus patatas y recibía un vaso pequeño y frío de soda con alborotadas burbujas de gas saludándola.
- ¿Podemos hacer esto cuando regresemos a casa? –, en su mano, atrapada sin poder evitar su desgarrador final, la última, diminuta y amarilla patata, pendía comprendiendo que su destino, no era único y especial, sino que cientos, sino miles de sus compañeros, acababan sus trayectos de aquella misma forma.
- Solo si ella lo permite –. Ambos apretaron al unísono sus labios moviéndoles en negación. Si ella sabía de esto, en sus vidas probarían nuevamente algo que fuese cocinado en aceite.

 - ¿Cuánto falta? –, estirando su brazo derecho, movió la muñeca, intentando enforcar su reloj. – Las siete menos diez, aún nos queda más de una hora, ¿quieres hacer algo? –
- ¿Me lees otro capitulo, Papá? – Ella mordió su labio inferior mientras bajaba su cabeza y le miraba con timidez, sin apartar de él sus grandes y celestes ojos.
- Mmm… -, cruzando ambas piernas sobre la cama, llevo su mano a su mentón fingiendo duda.
- Por favor –. Su voz suplica a su padre cumplir su deseo.
- De acuerdo, pero esta vez, solo puede ser uno –, la sonrisa volvió a sus labios alegres.
Tomando su bolso, busco entre los bolsillos, sacando un libro de abultados bordes, el cual estaba repleto de líneas tachadas y palabras borrosas.
Apartando sus platos, se dejaron caer uno al lado del otro sobre las almohadas, frente a frente. Ella lo miraba admirando el brillo que veía en sus ojos al prepararse para leer, mientras él carraspeaba y se inducía una pequeña tos para aclarar su garganta. La fantasía comenzaba.
… la brisa tibia arrastraba por las calles apedreadas el frió rumor de los pasos en comparsa de los soldados. La sangre ya no recorría su rostro, las vendas lucían empapas de un rojo amanecer el cual resaltaba la palidez de su piel. Sintiendo su cuerpo bañado por el sudor, su garganta pedía a grito un poco de agua.  La mañana avanzaba lentamente mientras el sol se alzaba recorriendo los edificios devastados, recalcitrando los restos, apartando de los cuerpos inertes las moscas….
- ¿Qué significa “inertes”? -, desatendiendo las páginas, él la observó con serenidad.- Significa, inmóvil -
- Y, ¿por que no dice simplemente, inmóviles? –, él se detuvo un segundo antes de responder, pensaba que decirle, – enm… es probable que las personas puedan comprender de mejor manera lo que intento trasmitir, si utilizo palabras que sean lo mas precisas posibles a lo que observo; la palabra “inerte”, además de inmóvil, se relaciona con una falta de vida –
La niña miro mas allá del contorno del rostro de su padre intentando comprender y disipar sus dudas, asintiendo con su cabeza al momento que creyó tener más claridad, aventurándose a extraer mayor información de él.- si tiene que ver con la muerte, ¿crees Papá que las personas extrañen sus cuerpos cuando deben irse?, - él abrió sus ojos un poco mas de lo normal intrigado por la razón que existía bajo su pregunta.
- No lo se, es probable, es lo que les permite poder abrazar o besar a quienes aman, todos extrañaríamos algo como eso, yo te extrañaría por siempre –, ella le miro con dejo de tristeza en sus ojos. El silencio lleno la habitación por unos instantes. Acercándose, él acaricio la mejilla de la pequeña y le dio un beso. - ¿Continuo preciosa? –
-Si por favor.- 

Instantes I

-- “Se fuerte, respira, no desvíes la mirada, no te ocultes tras un ademán, no muevas tu boca, no hables, enfrenta aquello que te hace desear mirarla.” --  Sentado tras el cristal, aferrado al único sonido que era capaz de escuchar, el latir de su corazón le indicaba el paso de cada segundo uno tras otro, tan lento y tan suave, que ese delicado instante se suspendió en el aire, mientras su boca levemente abierta esperando, anhelaba traspasar esa barrera invisible  y tocar su rostro.
….
-- “No lo mires, ¿que haces?, apártate…, detente, piensa, por favor, deja de mirarle, no quiero sentir como mi cuerpo tiembla.” --  De pie en la acera, tan cerca del cristal como para tocarlo con la punta de su nariz si estornudase, esperaba, sin moverse, sin buscar un pequeño refugio donde resguardarse de la bruma, del viento frío que se colaba en el contorno de sus orejas y encrespaba los cabellos de su nuca, sintiendo como sus mejillas hervían de rubor y sus labios se sonrojaban, respirando cada vez mas despacio, cada vez con mayor deseo a congelar el tiempo.


Nadie vive de los instantes, pero son estos los que dan sentido a todo. 


                                                                                                                                                                 Leonard De Moral 

Distraeme

El pequeño reloj que colgaba de su menuda muñeca marcaba las nueve menos cuarto, el sol iluminaba la extensión de césped con un color casi irreal, cual si la luz proviniese de todas partes pero no perteneciera  a ningún  lugar.
----- Expreso, tal cual es tu preferido ----- la muchacha extendió su  brazo inclinadose levemente hacia él flectando sus rodillas. Leonard tomando de su mano la taza de café con el agrado de una sonrisa dibujada en sus labios, percibió el aroma tras respirar profundamente encantado del agridulce sabor del primer sorbo que llevo a su boca. El árbol en el cual su espalda lucía apoyada no era mas antiguo que su edad, pero la juventud de sus ramas crecían con pasión hacia el cielo, brindándole una sombra perfecta.
Su mirada seguía las escenas que su mente interpretaba fielmente de cada palabra en las líneas escrita, su mano con ligereza sostenía en una posición casi natural ese libro que permanecía entre sus dedos y su antebrazo, cambiando con una velocidad casi continua el pasar de las paginas.
----- ¿quieres un poco de pastel? ----- Giovanna, permanecía  arrodillado a unos pasos de él, frente a su postura, con la similar intención de continuar con su propia lectura, pero a diferencia de Leonard, no podía concentrarse adecuadamente mientras era conciente de la hermosa fragancia del césped mojado por el roció o el sol que casi inerte, parecía adornar el cielo celeste sin mayor deseo que mostrar la redondez de su forma y el pálido tono de su piel, necesitaba caminar entre los árboles, escuchar el canto de las aves, ir hasta el pequeño afluente que existía cercano a las colinas, montar en su bicicleta y no detenerse hasta que su barriga emitiera un leve sonido de hambruna o el sudor revelara su cansancio.
Leonard levanto su semblante con leve estupor escuchando otra vez la pregunta, negando con el movimiento de su cabeza sin animo a contestar con su voz o dar pie a una conversación, la conocía a la perfección, estaba inquieta, el día al parecer le producía tal resquemor en los labios, a la vez que percibía como la mirada de ella inquisitiva al menor gesto o distracción de su parte, buscaba las palabras con las cuales motivarlo a detener su lectura y hacer alguna cosa que su propio deseo quisiese.
En ese estado permanecieron por más de veinte minutos, Leonard sin detener el moviendo de sus pupilas ante esa prosa que llamaba profundamente su atención, y Giovanna sin encontrar la manera de concentrarse y disfrutar de las andanzas  y desventuras de un personaje que de muchas maneras le recordaba a Alexander.
Sin previo aviso, el muchacho cerró lentamente su libro acariciando sus bordes, feliz de sentirse parte de un mundo que no le pertenecía, pero una vez hace mucho fue todo lo que existió para un chico de su edad, aquejado en el alma por las palabras no dichas y las miradas no entregadas, atribulado de cada nuevo encuentro con su amada buscando el valor de expresar su sinceros sentimientos.
Desde la postura de Gio, quien disfrutaba de la serenidad y la templanza que Leonard podía tener al concentrarse profundamente en algo, sin sentir la menor molestia al ser observado sin reparos por largos minutos, en su contraposición, ella casi involuntariamente siempre que él se quedaba mirándola sin decir palabras, sus mejillas tomaban el tono de su sangre y sus labios se apretaban cual si temiera su saliva se escurriera y rodara por su mentón.
Ese postura se mantuvo tan solo por un par de minutos, poco a poco ella comenzó a mover su cuerpo e intentar tapar su rostro con la extensión de su libro, pero sus brazos se cansaban y lentamente caían revelando su sonrosada piel, sus pies descalzos parecían juguetear buscando la manera de evitar ser descubiertos, escondiéndose tras una pequeña flor de pétalos claros que sin culpabilidad era inmiscuida en asuntos ajenos a su propia naturaleza.

----- ¿puedes dejar de mirarme? ----- la voz femenina y dulce de la chica, a la par en su timidez natural oculto sus labios en la pequeña mordida de un trozo de pastel.
----- Tan solo si tú dejas de buscar la forma de distraerme ----- Leonard se levanto y acerco a ella sentándose a su costado con una sonrisa levemente burlona en sus labios.
----- ¿por que sonríes de esa forma? ----- ella conocía esa expresión, esa que antecedía a un gesto o unas palabras que revelaban su propia extrañeza o lo distraída que era al actuar.
----- por que aun no aprendes a comer ----- Ella abrió levemente sus pupilas llevando una de sus manos a sus labios, sabiendo a ciencia cierta por el dulce sabor que les recorría en una gota de mermelada de frambuesa que se deslizaba con pereza entre ellos, como restos de su ultimo bocado permanecías sobre su labio superior esperando caer o ser borrados de esa piel, así lo intento pero no pudo, él sostuvo con suavidad su muñeca y acerco su rostro un poco mas al de ella.
----- por que no puedo negar que cada vez que te miro me distraigo, quizá yo sea un niño que anhela jugar, pero tú, tu siempre eres esa chica que a cada mirada me produce mayor curiosidad ----- Leonard con la yema de su dedo pulgar limpio con suavidad la gota de mermelada de los labios de la chica, llevándola a los suyos, notando el dulce sabor de la frambuesa, a la par que Giovanna sonreía encanta de escucharle mientras sus mejillas tomaban un color aun mas rojizo.
----- por que no puedo negar que doy gracias por estar a tu lado y sentir esto …----- inclinándose un poco mas, llevo sus labios hasta los de ella acariciándolos con suavidad,  disfrutando de su textura, su forma, su humedad, y su dulce sabor.

                                                                                                  Leonard De Moral.