- ¿Me
pasas el cátsup? – apoyando su torso sobre la cama, cogió la botella y la
estiró hacia él. - ¿puedo colocarles un poco mas? -
Su rostro
pequeño lucía expectante, sus labios cerrados y tímidos lo miraban con recelo.
– Solo un poco, sabes que no puedes comer este tipo de cosas –
Una
sonrisa se prendó de su sonrosada boca, a la par que sus ojos curiosos, se
fascinaban al ver como sobre sus papas francesas, la cátsup le ayudaba a
dibujarles pequeñas vestimentas, corbatines, pantalones, abrigos, gorras y
zapatos.
- ¿Quieres
un poco de Soda de Cola? –, la niña asintió con el movimiento de su cabeza
mientras comía con alegría sus patatas y recibía un vaso pequeño y frío de soda
con alborotadas burbujas de gas saludándola.
- ¿Podemos
hacer esto cuando regresemos a casa? –, en su mano, atrapada sin poder evitar
su desgarrador final, la última, diminuta y amarilla patata, pendía
comprendiendo que su destino, no era único y especial, sino que cientos, sino
miles de sus compañeros, acababan sus trayectos de aquella misma forma.
- Solo si
ella lo permite –. Ambos apretaron al unísono sus labios moviéndoles en
negación. Si ella sabía de esto, en sus vidas probarían nuevamente algo que
fuese cocinado en aceite.
- ¿Cuánto falta? –, estirando su brazo derecho,
movió la muñeca, intentando enforcar su reloj. – Las siete menos diez, aún nos
queda más de una hora, ¿quieres hacer algo? –
- ¿Me lees
otro capitulo, Papá? – Ella mordió su labio inferior mientras bajaba su cabeza
y le miraba con timidez, sin apartar de él sus grandes y celestes ojos.
- Mmm… -,
cruzando ambas piernas sobre la cama, llevo su mano a su mentón fingiendo duda.
- Por
favor –. Su voz suplica a su padre cumplir su deseo.
- De
acuerdo, pero esta vez, solo puede ser uno –, la sonrisa volvió a sus labios
alegres.
Tomando su
bolso, busco entre los bolsillos, sacando un libro de abultados bordes, el cual
estaba repleto de líneas tachadas y palabras borrosas.
Apartando
sus platos, se dejaron caer uno al lado del otro sobre las almohadas, frente a
frente. Ella lo miraba admirando el brillo que veía en sus ojos al prepararse
para leer, mientras él carraspeaba y se inducía una pequeña tos para aclarar su
garganta. La fantasía comenzaba.
… la brisa
tibia arrastraba por las calles apedreadas el frió rumor de los pasos en
comparsa de los soldados. La sangre ya no recorría su rostro, las vendas lucían
empapas de un rojo amanecer el cual resaltaba la palidez de su piel. Sintiendo
su cuerpo bañado por el sudor, su garganta pedía a grito un poco de agua. La mañana avanzaba lentamente mientras el sol
se alzaba recorriendo los edificios devastados, recalcitrando los restos,
apartando de los cuerpos inertes las moscas….
- ¿Qué
significa “inertes”? -, desatendiendo las páginas, él la observó con
serenidad.- Significa, inmóvil -
- Y, ¿por
que no dice simplemente, inmóviles? –, él se detuvo un segundo antes de
responder, pensaba que decirle, – enm… es probable que las personas puedan
comprender de mejor manera lo que intento trasmitir, si utilizo palabras que
sean lo mas precisas posibles a lo que observo; la palabra “inerte”, además de
inmóvil, se relaciona con una falta de vida –
La niña
miro mas allá del contorno del rostro de su padre intentando comprender y
disipar sus dudas, asintiendo con su cabeza al momento que creyó tener más
claridad, aventurándose a extraer mayor información de él.- si tiene que ver
con la muerte, ¿crees Papá que las personas extrañen sus cuerpos cuando deben
irse?, - él abrió sus ojos un poco mas de lo normal intrigado por la razón que
existía bajo su pregunta.
- No lo
se, es probable, es lo que les permite poder abrazar o besar a quienes aman,
todos extrañaríamos algo como eso, yo te extrañaría por siempre –, ella le miro
con dejo de tristeza en sus ojos. El silencio lleno la habitación por unos
instantes. Acercándose, él acaricio la mejilla de la pequeña y le dio un beso.
- ¿Continuo preciosa? –
-Si por favor.-